Ya lo cantaba Coque Malla: “No hay manera”. Fue el líder de Los Ronaldos, pero no le pegaba a un balde. De perforar mallas, sólo el apellido. Como el domingo nuestro Athletic. No hubo manera, apenas cuatro ocasiones mal contadas y que otra jornada ni las hubiéramos tenido en cuenta. Pero era Osasuna, una especie de Bayern cada vez que juega en Bilbao.
Seamos positivos. Por fin se acabó el ramadán. A partir de ahora, Maroan se va a hinchar a marcar goles. Es lo que nos queda tras el empate ante los rojillos. Los navarros continúan con su tradición en Bilbao, una derrota en sus últimas ocho visitas.
Y con Sancet en el banquillo y sin saltar a calentar. Fue el protagonista misterioso de la cita dominical. Todos buscándole por el campo como al Wally ese, y nadie le encontró, ni siquiera Valverde. Ha pasado antes y volverá a pasar: talento en el césped y meritorio en la vida. Tiene tiempo para madurar.
A los navarricos, Nico no les ha podido pintar la cara. Y mira que lo intentó. Los tres centrales rojillos se le atragantan al Athletic. Y con los dos carrileros -qué poderío físico el de Areso- contando siempre con ayudas. Por el centro, los rojiblancos carecieron de lucidez, con un Prados muy gris, y con Berenguer lejos de su mejor versión. Percutir por banda es lo que queda.
Los hermanos Williams estuvieron poco acertados. Y Maroan se hinchó a forcejear y recibir recados. Llega la final de Villarreal, y luego la de Glasgow