El entrenamiento en la zona 2 es una de las claves más importantes en el desarrollo de la resistencia aeróbica. Situada en un rango de aproximadamente el 60-70% de la frecuencia cardíaca máxima o entre el 40-55% del umbral de potencia funcional, esta zona representa un nivel cómodo pero ligeramente exigente, ideal para esfuerzos sostenidos y prolongados.
Es en esta zona donde el cuerpo empieza a optimizar la utilización de grasas como fuente principal de energía, gracias a un equilibrio metabólico que maximiza la oxidación de lípidos y minimiza el consumo de glucógeno. Este tipo de trabajo aeróbico es esencial no solo para los atletas de resistencia, sino también para aquellos que buscan mejorar su salud metabólica de forma generalizada.
Desde un punto de vista fisiológico, la zona 2 activa predominantemente las fibras musculares tipo I, que son responsables del esfuerzo sostenido de baja intensidad. Sin embargo, también empieza a involucrar a las fibras tipo II, más adaptables, aumentando su capacidad oxidativa. Este rango de entrenamiento mejora la densidad mitocondrial, es decir, incrementa el número y la eficiencia de las mitocondrias, que son las encargadas de producir energía en forma de ATP. Según estudios de George Brooks y otros referentes, este tipo de estímulo no solo favorece el metabolismo oxidativo, sino que también mejora la capacidad del cuerpo para reutilizar lactato mediante el ciclo de Cori, aumentando así la eficiencia energética general.
Beneficios de trabajar la zona 2
Uno de los grandes beneficios de la zona 2 es su capacidad para aumentar el umbral aeróbico, que marca el punto en el que el cuerpo empieza a depender en mayor medida de los carbohidratos como combustible. Al ampliar este umbral, los deportistas pueden mantener esfuerzos a mayor intensidad sin recurrir de forma temprana a sus reservas de glucógeno, retrasando así la aparición de la fatiga. Este aspecto es especialmente relevante en deportes de resistencia, donde la economía energética puede marcar la diferencia entre el éxito y el agotamiento prematuro.
El entrenamiento en zona 2 también tiene un impacto significativo en la salud cardiovascular. Al mantener una intensidad moderada durante periodos prolongados, se produce un aumento en el volumen sistólico del corazón, es decir, la cantidad de sangre que este bombea con cada contracción. Esto mejora la capacidad del corazón para trabajar de manera más eficiente, reduciendo la frecuencia cardíaca en reposo y mejorando el riego de oxígeno a los tejidos musculares. Además, desde una perspectiva metabólica, este rango de intensidad se asocia con una mejora en la sensibilidad a la insulina y un mejor control de los niveles de lípidos en sangre, aspectos fundamentales para prevenir enfermedades crónicas.

El entrenamiento en zona 2 nos permite hacer esfuerzos físicos más sostenidos y prolongados.
En términos de estrés y recuperación, la zona 2 ofrece un equilibrio perfecto. Aunque supone un estímulo suficiente para generar adaptaciones fisiológicas significativas, no ejerce una carga excesiva sobre el sistema nervioso ni genera niveles elevados de estrés metabólico. Esto permite que los deportistas puedan incorporar sesiones frecuentes en esta zona sin comprometer su recuperación general. Además, es ideal para quienes buscan mejorar su base aeróbica sin el riesgo de sobreentrenamiento, siendo una herramienta fundamental en la periodización del entrenamiento.
Cómo entrenar la zona 2
Para entrenar en la zona 2 es importante priorizar la consistencia y la duración. Las sesiones suelen oscilar entre una hora y tres horas, dependiendo del nivel del deportista y sus objetivos específicos. Actividades como correr a un ritmo moderado, andar en bicicleta o nadar de forma sostenida son perfectas para trabajar en este rango. Una gran aliada es la tecnología que ayuda a prestar atención a la intensidad, más en concreto monitores de frecuencia cardíaca o medidores de potencia son los que nos ayudarán a mantenernos dentro de los parámetros adecuados.
Aquellos deportistas que dedican suficiente tiempo a trabajar en este rango de intensidad (z2) experimentan una mayor capacidad aeróbica, un mejor rendimiento en intensidades altas y una recuperación más rápida. Aunque a menudo se pasa por alto en favor de entrenamientos más intensos, la zona 2 es un recordatorio de que la constancia y el trabajo bien estructurado son las claves del progreso sostenible.