Nunca me gustó el parón de selecciones de septiembre, aunque en 2016 fue muy útil para inaugurar la oficina del FC Barcelona en Nueva York e iluminar el Empire State con los colores del Barça.
El parón de selecciones siempre ha significado un inconveniente. Cuando ya estás metido en LaLiga, zasca, te quitan el caramelo de la boca y todo se detiene. Pero este año, es algo distinto.
El gran triunfo de la Roja en la Eurocopa y en los Juegos Olímpicos de París con tantos y tantos jugadores del Barça, y tan decisivos, ha cambiado el panorama y resultará interesante ver si aquel sueño de tardes del verano continúa.
No sé si para los intereses del Barça es bueno que Hansi Flick se quede sin 10 jugadores, por aquello de las lesiones. De hecho, esta misma semana, uno de los convocados, Fermín López, ha vuelto a casa aquejado de dolores musculares.
Pero eso es lo que ha pasado: Los campeones de Europa Pedri, Dani Olmo, Lamine Yamal y Ferran Torres participarán en la concentración para disputar dos partidos de la Nations League, ante Serbia (anoche) y Suiza. Y los medallistas de oro Fermín López (también campeón de la Eurocopa) y Pau Cubarsí fueron convocados para la sub-21 para jugar partidos de clasificación del Europeo 2025. Por si fuera poco, Robert Lewandowski, Jules Koundé y Marc-André Ter Stegen juegan con sus respectivos países (Polonia, Francia y Alemania). Otro culé, el joven Hèctor Fort fue citado para realizar entrenamientos con la Sub-19 aunque un virus le hizo ser baja finalmente.
Desde hace años la Roja tiene ADN Barça. Digan lo que digan. Desde el lejano y acertado momento en que Luis Aragonés no convocó a Raúl e impuso en el vestuario el esquema de juego de los barcelonistas, la selección es otra. El fracaso de Qatar hay que atribuírselo única y exclusivamen-te a Luis Enrique. Afrontó el reto alocado y desenfocado.
Con las aguas en su cauce, Lamine, Pedri y Olmo son el nuevo bastión de la selección, un equipo que aquí en Catalunya siempre genera polémica en el sentido de que, si aparentemente no tiene el apoyo popular, sí que alegra a muchos por sus triunfos con la excusa del tinte blaugrana que tiene la Roja.
Es chocante que el equipo español más español, el que alardea de ser el gran representante de este país, el Real Madrid, incorpore desde hace tanto tiempo a tan pocos jugadores locales. Es incluso ridículo. Volcado en la confección de un equipo galáctico, a Florentino Pérez se le ha olvidado donde está y que representa lo que él dice representar mejor que nadie: España. Un cero clarísimo pues para el presidente del Real Madrid y para todos aquellos que creen que el Madrid es más que un club en España.
Es curioso recuperar unas imágenes de ‘El Fitxatge’, el magnífico documental de Lluís Canut producido por 3cat y Prime Video sobre la llegada de Joan Cruyff al Barça. En ellas Santiago Bernabéu, el gran pope blanco, decía -años 70-: “Si conviene que vengan los extranjeros aquí con el turismo no se les puede cerrar la puerta cuando vienen a jugar. Ahora, siguiendo la política siempre absoluta de que, a mi juicio, la española es de las razas que está mejor preparada para el fútbol”.
Florentino ha optado otra política y se ha olvidado de Bernabéu para siempre. Este año, en el Clásico, los seguidores blancos no podrán dedicarle al Barça el ‘Viva España’ de Manolo Escobar que tanto les gusta. Sería una incoherencia. ‘Waterloo’ o ‘Sweet Caroline’ serían mucho más adecuadas.