Tres años largos después de aquel 5 de agosto de 2021, cuando Messi fue expulsado abruptamente del Barça, nadie se explica aún cómo pudo tomarse tamaña decisión. ¿Fue por una cuestión económica, como se dijo? Imposible, porque después se han gastado más de 300 millones en 31 fichajes, de los que solo seis, de entre los que se pagó traspaso, siguen en la plantilla. Por razones deportivas no, obviamente.
Durante la campaña electoral de 2021, hubo quien usó y abusó del nombre de Messi en una acción de populismo barato de manual. Hubo incluso un abrazo a su maniquí para engañar al socio las intenciones reales que había detrás de tanta comedia, ya que cuatro meses de negociación para llegar a un acuerdo terminaron con el mejor de la historia sumido en un mar de lágrimas. Curiosamente, en solo 72 horas hubo acuerdo con el PSG, porque, según algunos malpensados, alguien filtró a Al-Khelaïfi sus condiciones contractuales, para tenerle lejos de Barcelona lo antes posible. ¿A cambio de qué, cabría preguntarse?
Luego, intentos de acercamiento, ofertas sin sentido y rumores de un homenaje. Pero todos los diálogos son con su padre, porque Messi y su esposa, que siguen queriendo el Barça y Barcelona, se sienten traicionados por la forma cómo les echaron, cuando quedaban ¡26 días! para el cierre del mercado y había margen para negociar todo y más. Ahora, con el 125 Aniversario como excusa, le han querido rescatar. No hubo ni habrá foto, porque Messi, que ya no es patrimonio exclusivo del Barça, se llevó consigo algo que no abunda: su dignidad.